ROMA ES AMOR

ROMA ES AMOR

 

Haciendo un juego de palabras es conocido que ROMA leido al revés da AMOR. Es curioso porque analizando un poco la historia de su fundación y  la cultura clásica nos puede llevar a esa conclusión.

 

Roma según nos cuenta la leyenda la fundó Rómulo y de ahí su nombre; bueno tanto o más se le parece Remo que también suena similar; incluso más, al vocablo Roma. Pero no, fue su hermano Rómulo el fundador. Sin embargo, la más divulgada de las leyendas de la fundación de Roma entronca con la Eneida de Virgilio y con su héroe Eneas, huido de su Patria, Troya. Llegado Eneas a Italia se casa con Lavinia, hija de Latino, el rey del país. Luego un hijo de Eneas funda Alba Longa. Rea Silvia, hija del rey de Alba tiene dos gemelos, los ínclitos Rómulo y Remo. Al perder el trono el nuevo rey la obliga a deshacerse de sus hijos, con la archiconocida historia de la loba que los amamanta…

 

¿Por qué saco el amor y Eneas a colación? Veamos: Los romanos siempre achacaron la enemistad con Cartago a la época de la legendaria fundadora cartaginesa, la reina Dido. Resultó que Eneas en su viaje desde Troya hacia Italia naufraga en las costas de Cartago y Dido recibe en su palacio al héroe. Ésta se enamora perdidademente del troyano y, cuando éste se marchó, incapaz de soportar el dolor, se suicidó.

 

La trágica muerte de la reina sería la explicación mítica del odio de los cartagineses a los romanos.

Bueno, el asunto de Troya da para mucho. Vemos como toda la tradición engarza Grecia, Cartago, Roma… Y supongo que seguirá influyendo.

  En los años de la juventud vaya si nos influyó a un amigo y a servidor cuando vimos en nuestra adolescencia Helena de Troya y nos enamoramos, cual adolescentes, claro, de ella. Mi amigo, con ínfulas de músico, le compuso una canción que retocada por ambos cantábamos en los tiempos de verano mientras íbamos a comer ciruelas directamente de los árboles de los verdísimos prados astures de nuestra aldea y sin pedir autorización a los dueños: conste que para los buches de los pájaros todavía quedaban.

Helena de Troya era tan dulce por lo menos como las ciruelas y además nuestros sables estaban a su disposición.

 

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